viernes, 13 de noviembre de 2009

Escalera al cielo

Yo no sé cuanta verdad esconden los relatos de aquellas personas que dicen haber experimentado tocar las puertas del cielo, recorrer el túnel, ver la luz y luego, volver a la vida. Tampoco creo necesario entrar en detalles, discusiones, estudios físicos y químicos. Buscar la racionalización en cada paso es perder el encanto. La rutina, los compromisos, la edad, van haciendo que no nos detengamos a analizar esas cuestiones que antes eran factor casi fundamental en sobremesas. Ya no, eso se lleva la adolescencia, tiene el privilegio el paso de los años, de borrar creencias fantásticas, de hacernos olvidar leyendas, chistes, cuentos, bromas, reglamentos de juegos y hacernos creer que somos adultos pensantes e inteligentes, creyendo solamente, eso si, en los reyes magos.
Siempre entre tanta exactitud viene a patearnos el tablero alguna anécdota.
Esta humilde y extensa introducción me sirve de pie para confesarle que fui oyente, en vivo y en directo, a solas y con mate de por medio, del relato, de la vivencia y del futuro vuelco a la cristianidad de mi amigo personal el señor Fernando "el rulo" Artigas.
El rulo, era un fracasado lateral derecho del club del barrio, en realidad, de la canchita del parque, porque en el club debutó y lo despidieron, eso si, muy respetuosamente, le dieron las gracias y lo invitaron a que no vuelva nunca jamás por ese club y que no lo querían ver ni en diez cuadras a la redonda y que su hermana … (bueno no llego nunca a oír que opinaban de su hermana porque ya estaba a once cuadras … o nunca me lo dijo).
Lo cierto es que jugaba en el campito porque tenía una pelota de las buenas y porque la hermana estaba muy buena y a veces se sentaba con las amigas a mirar los partidos …. cuando estos elementos ya no le sirvieron como excusa y los amigos cambiaron de cancha sin avisarle, decidió de una buena vez, dejar el fútbol, pero dejar de jugar, no alejarse del todo. Comenzó el estudio para ser arbitro.
Yo lo quiero, es mi amigo, pero era el arbitro mas malo el pueblo, del país, de América del sur, central y del norte y del mundo entero, hijo de Dios, no veía absolutamente nada.
En el debut, le tiraron un piedrazo, le pegó en el parietal derecho y derechito al hospital.
Hasta aquí, nada glorioso ni histórico…. como para que sea estudiado por Felipe Pigna.
Pero si tiene lápiz y papel a mano anote, la noche del 10 de septiembre del 2005,estando internado en el hospital, Fernando el rulo Artigas golpeó las puertas del cielo.
El hecho es el siguiente: el diablo (lucifer, 666, el demonio) había retado a Dios a un partido de fútbol. Cielo vs. Infierno. Buenos contra malos. Hubo una apuesta. Resulta que según logró escuchar el rulo, los espacios en el infierno se estaban agotando, y andaban todos medios incómodos. La verdad, debe estar sobrando espacio en el cielo.
Ahora, porque lo eligieron a él para que dirija el partido, la verdad, no lo sé con exactitud. Artigas cuenta que al llegar pregunto :
- estoy muerto? a llegado mi hora ?
- no - le respondió un ángel
sin decir mas palabras le entregó una tarjeta amarilla y una roja, el silbato, y la pelota. . .
-aquella vez que robe esas manzanas yo no quería . . .
-bueno, bueno. . . anticipo Gabriel... fuiste elegido entre todos los árbitros del cielo y de la tierra para dirigir el partido
-el que?
-habrá un partido entre el cielo y el infierno, un consejo, vio el que esta entrando en calor allá, ese colorado, alto, con camiseta roja, el triple 6 en la espalda, con cuernos en la cabeza y un pinche, ese que le tira fuego a sus compañeros?
- Si, contesto tembloroso
-Bueno, va a tratar de intimidarlo un poco, no se preocupe, Dios lo cuida
-Que Dios juega? Pensó en voz alta
-No, claro que no, lo mirara desde el palco
-Y vos , que haces con el arpa
Soy de la hinchada... los Ángeles somos muy buenos como para jugar . . .
y se fué volando a la tribuna...
En ese instante el rulo intento salir corriendo, pero nadie puede escapar por propia voluntad de ese estado, digamos, ningún ser humano puede resucitar porque se le antoja. Entonces con la pelota bajo el brazo, el silbato colgando, camino hacia el centro de la cancha, miro hacia los dos arcos, levanto la mano derecha y comenzó el partido.

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